Inteligencia Real Aplicada y divorcio

Últimamente, aparecen con más asiduidad en todos los medios de comunicación, datos crecientes y contundentes sobre el número de divorcios que se producen.

Sin entrar en maremágnum de cifras, podemos afirmar, que cuando menos, más de un 50 % de las personas que se casan, se divorcian en menos de diez años, y que la tasa de divorcios de personas casadas hace más de diez años, también se empieza a incrementar de forma considerable en lo que a divorcios se refiere.

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Esto además, lo vemos los psicólogos reflejado en nuestro trabajo cotidiano, ya que cada vez es más usual, que la vía de entrada a la ansiedad y a la depresión, tenga como desencadenante una separación de pareja, y por tanto, que cada vez hagamos más nuestro trabajo en mediación familiar, para ver si es posible que la pareja continúe; si los dos miembros son felices, o se produzca una separación lo menos traumática posible para ambos y los hijos en el caso de que los hubiera.

Intentaremos dar una explicación lo más precisa, clara y seria posible de este complicado tema, para que sea útil y cumpla con nuestra labor profesional, de dar cierto grado de conocimiento y entendimiento.

Desde la óptica de la Inteligencia Real Aplicada, existen ya de base dos mensajes contradictorios, uno que es el que da el programa genético, el cual nos dirige a que tengamos relaciones con todas aquellas personas que nos atraigan al considerarlas buenas para hacer copias de nuestro ADN. Por otro lado, nuestro programa cultural nos encamina hacia lo contrario, tener una persona con la que formar una familia para siempre y compartir con ella toda nuestra vida. Estos dos mensajes son contradictorios y nos generan una discrepancia y un malestar importarte, al ser muy difíciles de conciliar.

La solución a esta discrepancia, es lo que vemos en nuestros días, la monogamia sucesiva, es decir, tener varias parejas en momentos diferentes a lo largo de la vida, con pequeños o grandes períodos en los que no se tiene pareja alguna o se tienen personas de forma ocasional o situacional.

Tenemos entonces un serio problema que resolver, no sólo de pensamiento, sino también de acción. Romper una pareja, no es fácil a nivel afectivo, pero tampoco a nivel real. Romper una relación con alguien que queremos, nos lleva casi siempre a saber que tenemos que sufrir una pérdida que nos será dolorosa, pero también hemos de perder una situación habitualmente acomodada y estabilizada, que nos da seguridad y cierto bienestar. Salvo en aquellas parejas en las cuales, ya no hay cariño y la relación es muy tóxica para ambos por estar todo demasiado deteriorado, cuesta mucho hacer una ruptura.

¿Pero qué está pasando de un tiempo a esta parte para que haya tantas parejas que rompen?

Nuestra cultura ha cambiado y está cambiando de forma muy rápida, lo que antes era ilegal, divorciarse, ahora no lo es, lo que antes era difícil, al menos era a nivel legal más complicado, ahora es mucho más fácil. Pero no sólo esto, vivimos en un mundo, que muchas veces nos genera expectativas erróneas, en el que parece que todo tiene que ser maravilloso y perfecto, incluidas las relaciones de pareja, por si esto fuera poco, cada vez tenemos menos tolerancia a la frustración, no aguantamos casi nada lo negativo, incluido lo de nuestra pareja, cualquier cosa que nos cueste algo de sacrificio, lo apartamos rápidamente de nuestras vidas, y esto hace que muchas veces se rompan parejas que se gustan y se quieren, al no dedicar el esfuerzo necesario para resolver adecuadamente sus diferencias.

Para terminar de complicar las cosas, aparece el programa patológico individual, que muchas personas tienen, los cuales, desconocen que lo tienen, y que les hace muy difícil que puedan tener una relación estable de pareja, bien porque ellos huyen de tener una pareja aunque no se den cuenta, y luego sufren por no tenerla, o bien porque sus parejas rompen con ellos con mucha más frecuencia de lo normal, provocándoles estas rupturas un dolor importante en sus vidas.

Dentro del primer grupo, estarían las personas a las que les produce malestar la pareja porque enseguida se sienten evaluados y esto les afecta en exceso, las hay que no aguantan el compromiso y la implicación necesaria para que una pareja siga adelante, las hay que ante cierto nivel de dificultad por conflictos normales, temen sin demasiada base que su pareja rompa y rompen ellos antes.

En el segundo grupo, nos encontramos aquellas personas, que sin saberlo, su actuación hace que les sea muy difícil tener una pareja de largo recorrido, y como esto es inconsciente, no pueden encontrar los motivos que les provocan estas rupturas. Aquí encontramos las personas que se defienden de la pareja constantemente sin que estas les dañen como ellas se creen que lo hacen, las de dan muy poco y esperan recibir muchísimo más y aquellas cuyo individualismo está muy por encima de la pareja.

Así pues, diríamos que hay un cambio de tendencia con respecto al divorcio en los últimos diez años, con un incremento importantísimo de personas que se divorcian, que tiene su base en el ajuste de las metas diferentes entre los programas genético y cultural, que al poderse de ejercer de forma legal, emocional y económica hacemos cada vez más uso de este, aunque algunas veces, podemos hacerlo en contra de nuestra felicidad, porque si algo merece la pena, hay que dedicarle el tiempo y el esfuerzo necesario para que continúe; pero, que hay que llevar acabo de forma inexcusable siempre que siendo individualmente equilibrados, esa relación nos conlleve la infelicidad.

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Fernando Huerta Moreno

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